sábado, 28 de abril de 2012

Oswald Spengler: ¿Precursor del nacionalsocialismo? nuevo trabajo publicado en estudioscontemporaneos.org  pueden verlo en este link: http://estudioscontemporaneos.org/2012/04/25/nueva-tesis-oswald-spengler-precursor-del-nacionalismo/

sábado, 26 de abril de 2008

Historia, Pesimismo y Profecía: Oswald Spengler y La Decadencia de Occidente.

Entre los numerosos intelectuales que se han dedicado a estudiar los procesos históricos buscando ensamblar una teoría o una filosofía de la Historia, pocos han logrado expresar sus ideas de modo tan dramático, tan vívido y tan gráfico como lo hizo Oswald Spengler en La Decadencia de Occidente, su obra fundamental. En ella, pretendía llevar a cabo un estudio de las formas subyacentes a los acontecimientos concretos, de la macroestructura dentro de la cual fluyen todos los acontecimientos históricos particulares. Spengler presentaba la historia universal como un conjunto de culturas[i] que se desarrollaban independientemente unas de otras –como cuerpos individuales- pasando a través de un ciclo vital compuesto por cuatro etapas: Juventud, Crecimiento, Florecimiento y Decadencia. Con esta alusión Spengler quería hacer ver que el desarrollo histórico era como el ciclo vital de un ser vivo, el cual tiene un comienzo y un fin determinados. Además, cada una de las etapas que conformaban el ciclo vital de una cultura presentaba, según el esquema spengleriano, una serie de rasgos distintivos que se manifestaban en todas las culturas por igual enmarcando los acontecimientos particulares.

Por esta vía, Spengler estableció un patrón para evaluar en que fase de su vida se encontraba una cultura y qué era de esperarse para el futuro, dándole así un tono profético a su obra. Pero además, al aplicar su teoría a la Cultura Occidental (que era como él llamaba a la cultura en la que estaba incluida la Europa de esa epoca), encontró que esta presentaba los rasgos distintivos de la Decadencia o etapa final, por lo cual su obra está impregnada de un tono pesimista.


I.- Oswald Spengler, vivió en una época de incertidumbre en Alemania, el final de la Primera Guerra Mundial y el inicio de la Post-guerra. En esa época se buscaban explicaciones de lo que había ocurrido y por qué había ocurrido, pero más que nada, se buscaba desesperadamente tener una luz sobre el futuro. Spengler, recopilando y sintetizando muchas de las ideas imperantes entonces, se dio a la tarea de elaborar un modelo histórico, que el creía capaz de predecir lo que vendría partiendo de lo vivido en el pasado. Expuso su teoría de la historia en la Decadencia de Occidente, obra que le valió un gran reconocimiento del público alemán de aquella época.

Ya en la primera página de su libro, Spengler afirma abiertamente:

En este libro se acomete por vez primera el intento de predecir la historia. Trátase de vislumbrar el destino de una cultura, la única de la tierra que se halla hoy camino de la plenitud: la cultura de América y de Europa occidental. Trátase, digo, de perseguirla en aquellos estadios de su desarrollo que todavía no han transcurrido.
Nadie hasta ahora ha parado mientes en la posibilidad de resolver problema de tan enorme trascendencia, y si alguna vez fue intentado, no se conocieron bien los medios propios para tratarlo o se usó de ellos en forma deficiente.[ii]

Esta afirmación inicial no deja lugar a dudas sobre el tono profético que Spengler quería imprimirle a su obra. Pero además, dejaba en claro que aplicaría su modelo histórico al estudio de la cultura occidental, buscando así predecir lo que estaba por venir.

La base sobre la que construiría su teoría profética sería lo que el llamó la “Morfología comparada de las Culturas”. Este concepto fue el utilizado por Spengler para sintetizar su visión de la Historia Universal, la cual fue desarrollando de la siguiente forma:

En primer lugar, Spengler criticaba duramente la periodificación tradicional y rígida de la Historia –El esquema Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporanea- en especial porque presentaba la historia universal desde un punto de vista Eurocentrista. La propuesta de Spengler se basaba por el contrario en la idea de grandes cuerpos históricos llamados Culturas, que se desarrollaban de manera prácticamente independiente unos de otros, de acuerdo a un ciclo vital semejante al de un ser vivo (Nacimiento, juventud, florecimiento y Decadencia o muerte) y que enmarcaban los hechos históricos dándoles un sello particular, único para cada cultura.

Spengler hablaba de la existencia de 8 culturas: Antigua, Babilónica, India, China, Egipcia, Arabe, Mejicana y Occidental. Partiendo de los rasgos característicos de cada etapa en el desarrollo de las demás culturas (En especial en el caso de la cultura Antigua[iii]), Spengler afirmaba que podía predecir la aparición de esos mismos rasgos generales en la Cultura Occidental, en particular en la etapa final o Decadencia.

En las etapas previas a la Decadencia, cada cultura desarrollaba sus potencialidades en las letras, la arquitectura, las ideologías, el pensamiento filosófico, las artes, hasta llegar a un clímax o punto máximo. En ese momento comenzaba a declinar la cultura por haber agotado ya toda su energía vital y ello se manifestaba en los hechos con una falta de nuevas ideas políticas, expresiones artísticas o literarias estancadas en el pasado, y otros hechos similares, este era el comienzo del fin de la cultura, el inicio de la Decadencia, etapa en la cual la Cultura se transformaba en algo terrible y oscuro llamado Civilizacion.

En el primer capítulo de La Decadencia de Occidente, Spengler nos explica lo que el entiende por Cultura y como ve su evolución, al compararla con las ideas de pueblo, tribu y raza:

Una masa inabarcable de seres humanos, un torrente sin orillas, que nace en el pasado sombrío, allá donde nuestro sentimiento del tiempo pierde su eficacia ordenativa y la fantasía inquieta –o el terror- evoca la imagen de los períodos geológicos, para ocultar tras ella un enigma indescifrable… Reúne una serie de generaciones en un limitado círculo de la superficie histórica, y cuando se extingue en ellas la fuerza creadora…extínguense asimismo los caracteres fisiognómicos, lingÜísticos, espirituales, y la concreción histórica vuelve a disolverse en el caos de las generaciones.[iv]

En términos un poco más directos nos dice:

Una cultura nace cuando un alma grande despierta de su estado primario y se desprende del eterno infantilismo humano; cuando una forma surge de lo informe; cuando algo limitado y efímero emerge de lo ilimitado y perdurable. Florece entonces sobre el suelo de una comarca, al cual permanence adherida como planta. Una cultura muere cuando esa alma ha realizado la suma de sus posibilidades en forma de pueblos, lenguas, dogmas, artes, Estados, ciencias, y torna a sumergirse en la espiritualidad primitiva.[v]

Examinando las características de la Decadencia podremos ver entonces la base en que se apoyaban las ideas proféticas de Spengler. La observación de la cultura Antigua es fundamental para Spengler –esto por ser la que concocía más a fondo- en la comparación y predicción de los acontecimientos por venir en la cultura Occidental. Según esta idea Spengler destacó que existía una identidad entre la época de la Primera Guerra Mundial –período en que Spengler escribió su obra- y la del tránsito de la época Helenística a la Romana. En palabras de Spengler: “El romanismo, con su estricto sentido de los hechos, desprovisto de genio, bárbaro, disciplinado, práctico…nos dará siempre la clave…para comprender nuestro propio futuro.”[vi]

En la cultura Antigua se observan entonces los rasgos de la Decadencia cuando de una época de Alta Cultura, Alto desarrollo artístico y Filosófico, como lo es la de la Grecia Clásica en el Siglo V, se pasa a una época donde disminuye la calidad artística y la profundidad de los temas filosóficos, sustituyéndose por la llegada de pueblos militaristas y pragmáticos con inferior nivel artístico y cultural como los Macedonios y después los Romanos, desaparecen las democracias griegas y las ciudades-estado para dar paso al imperialismo, al dominio de una sola ciudad o pueblo sobre todas las ciudades antes libres, con una administracion centralizada y finalmente, la aparición de líderes o caudillos militares al estilo de Alejandro y después Cesar. Según Spengler, el Alma Antigua era limitada al momento, al aqui y el ahora, a distancias limitadas, por ello florecieron en ella las ciudades estado griegas, la escultura de formas bien delimitadas, la Democracia, y por ello el imperialismo y el Cesarismo eran una corrupción del alma Antigua y marcaban su fin.

Trasladando esto a la cultura Occidental, Spengler podía afirmar que la época en que vivía estaba presentando los rasgos iniciales de la Decadencia. Por una parte la epoca cumbre de la cultura Occidental se había conseguido –según la vision de Spengler- entre los siglos XVII y XVIII cuando se obtuvo la cúspide artística representada por filósofos como Goethe o músicos como Mozart; se llegó a la cúspide política con las Monarquías absolutas tipificadas por el “Rey Sol” en Francia, pero con la Revolución Francesa se manifiestan los primeros rasgos del descenso, la declinación hacia la Decadencia y finalmente la llegada a la Civilización. Para Spengler, el Alma Occidental tenía su base en la Aristocracia terrateniente, que había dado forma desde sus inicios a la Cultura Occidental (Spengler sitúa el inicio de la Cultura Occidental en la epoca Feudal y la aparición de los grandes Señores.) La Irrupción de la ‘Tercera Clase’ en los puestos de dirección política de la sociedad representaba el primer paso de la decadencia de la idea aristocrática de gobierno y, por consiguiente, de la Decadencia del Alma Occidental. A partir de allí, la Cultura Occidental seguiría una tendencia hacia el parlamentarismo y el poder de la cuarta clase representado en la aparición del socialismo y la Democracia. Pero la Democracia y el socialismo (que según Spengler ya representaban una corrupción del alma Occidental) serían sólo formas o ideas políticas pasajeras que pronto perderían su fondo ideológico para convertirse en los simples instrumentos del dinero. Cualquier partido y cualquier ideología sucumbirían al poder del dinero. Al llegar a este punto de deterioro, ya estaría el camino abierto para los ‘Cesares’ que iniciarían una época de guerras por el dominio mundial, a la búsqueda de Imperios cada vez mas grandes. De los antiguos Ejércitos Nacionales se pasaría ahora a ejércitos al servicio del ‘César’, el caudillo, conductor y controlador de las masas; Jefe absoluto de los ejércitos y el pueblo.

Veamos como lo expresa Spengler:

Porque cada «cultura» tiene su «civilización» propia. Por primera vez tómanse aquí estas dos palabras — que hasta ahora designaban una vaga distinción ética de índole personal — en un sentido periódico, como expresiones de una orgánica sucesión estricta y necesaria. La «civilización» es el inevitable sino de toda «cultura». Hemos subido a la cima desde donde se hacen solubles los últimos y más difíciles problemas de la morfología histórica. «Civilización» es el extremo y más artificioso estado a que puede llegar una especie superior de hombres. Es un remate; subsigue a la acción creadora como lo ya creado, lo ya hecho, a la vida como la muerte, a la evolución como el anquilosamiento, al campo y a la infancia de las almas — que se manifiesta, por ejemplo, en el dórico y en el gótico — como la decrepitud espiritual y la urbe mundial petrificada y petrificante. Es un final irrevocable, al que se llega siempre de nuevo, con íntima necesidad.
Sólo así puede comprenderse a los romanos en cuanto sucesores de los griegos. Sólo así se coloca la última etapa de la Antigüedad bajo uña luz que revela sus más hondos secretos. Pues ¿qué significa — lo que sólo con palabras vanas cabría negar — que los romanos hayan sido bárbaros, bárbaros que no preceden a una época de gran crecimiento, sino que, al contrario, la terminan? Sin alma, sin filosofía, sin arte, animales hasta la brutalidad, sin escrúpulos, pendientes del éxito material, hállanse situados los romanos entre la cultura helénica y la nada. Su imaginación, enderezada exclusivamente a lo práctico — poseían un derecho sacro que regulaba las relaciones entre dioses y hombres como si fueran personas privadas y no tuvieron nunca mitos —, es una facultad que en Atenas no se encuentra. Los griegos tienen alma; los romanos, intelecto. Así se diferencian la «cultura» y la «civilización». Y esto no vale sólo para la «Antigüedad». Una y otra vez, en la historia, preséntase ese mismo tipo de hombres de espíritu fuerte, completamente ametafísico. En sus manos está el destino espiritual y material de toda época postrimera. Ellos son los que han llevado a cabo el imperialismo babilónico, egipcio, indio, chino, romano. En tales períodos desarróllanse el budismo, el estoicismo, el socialismo, emociones definitivas que pueden, por última vez, captar y transformar en toda su substancia una humanidad mortecina y decadente. La civilización pura, como proceso histórico, consiste en una gradual disolución de formas ya muertas, de formas que se han tornado inorgánicas.[vii]

Asi pues, es fácil ver como, al publicarse la obra de Spengler (1918) el panorama devastador de Alemania y de Europa parecían darle la razón. En Alemania, la derrota de la Primera Guerra Mundial y la Firma del Tratado de Versalles, generó una situación de crisis política y social, además de recesión económica que la República Parlamentaria -posteriormente formada en Weimar para sustituir al Kaiser Guillermo- no pudo resolver. La imagen de los políticos de Weimar como ineptos que eran comprados por intereses monetarios, fue muy explotada por los movimientos radicales de oposición. Los enfrentamientos internos entre comunistas y grupos de derecha, que utilizaban las calles como campo de batalla no podían ser controlados por el gobierno y generaban un ambiente de inseguridad y caos interno. Pero más impresionante sería la coincidencia de los acontecimientos con la llegada al poder de Hitler, quien a la cabeza de los Nazis, se convertiría en un perfecto ejemplo del líder de masas anunciado por Spengler.

En 1936 fallecía Oswald Spengler, sin embargo, después de su muerte parecían seguirse confirmando sus predicciones sobre el futuro de la Cultura Occidental. La época de los Césares había llegado con Hitler, el expansionismo de la Alemania Nazi abría una época de imperialismo y guerra por el dominio mundial, que no terminaría con la derrota de los Nazis sino que mas bien continuaría –aunque con otros objetivos, otras tácticas y otros protagonistas- durante la guerra fría.

Hay un fragmento en el cual Spengler describe una de las características de la Civilización, en el que se ven claras similitudes con nuestra época actual:

El tránsito de la «cultura» a la «civilización» se lleva a cabo, en la Antigüedad, hacia el siglo IV; en el Occidente, hacia el XIX. A partir de estos momentos, las grandes decisiones espirituales no se toman ya «en el mundo entero», como sucedía en tiempos del movimiento órfico y de la Reforma, en que no había una sola aldea que no tuviese su importancia. Ahora tómanse esas decisiones en tres o cuatro grandes urbes que han absorbido el jugo todo de la historia, y frente a las cuales el territorio restante de la cultura queda rebajado al rango de «provincia»; la cual, por su parte, no tiene ya otra misión que alimentar a las grandes urbes con sus restos de humanidad superior. ¡Ciudad mundial y provincia!. Estos dos conceptos fundamentales de toda civilización plantean ahora para la historia un nuevo problema de forma. Estamos viviéndolo justamente los hombres de hoy, sin haberlo comprendido, ni siquiera de lejos, en todo su alcance. En lugar de un mundo tenemos una ciudad, un punto, en donde se compendia la vida de extensos países, que mientras tanto se marchitan. En lugar de un pueblo lleno de formas, creciendo con la tierra misma, tenemos un nuevo nómada, un parásito, el habitante de la gran urbe, hombre puramente atenido a los hechos, hombre sin tradición, que se presenta en masas informes y fluctuantes; hombre sin religión, inteligente, improductivo, imbuido de una profunda aversión a la vida agrícola…[viii]

La descripción que aquí hace Spengler de la Urbe Mundial y de los habitantes de esa gran urbe, nos despierta inevitables reminiscencias con las grandes capitales del mundo actual.

Aún podemos citar otro fragmento de corte profético, donde el autor nos habla, entre otras cosas, de un fenómeno muy importante del mundo actual: el poder del dinero.

El dinero como factor abstracto, inorgánico, desprovisto de toda relación con el sentido del campo fructífero y con los valores de una originaria economía de la vida, esto es lo que ya los romanos tienen antes que los griegos y sobre los griegos. A partir de este momento, una concepción distinguida y elegante del mundo es también cuestión de dinero. No el estoicismo griego de Crisipo, pero si el romano de Catón y Séneca presupone como fundamento una fortuna; no los sentimientos ético-sociales del siglo XVIII, pero si los del siglo XX son, sin duda alguna — si han de traducirse en hechos que excedan los límites de una agitación profesional y lucrativa —, cosas de millonarios. En la urbe mundial no vive un pueblo, sino una masa. La incomprensión de toda tradición que, al ser atacada, arrastra en su ruina a la cultura misma (…) la inteligencia aguda y fría, muy superior a la prudencia aldeana, el naturalismo de sentido novísimo que saltando por encima de Sócrates y Rousseau va a enlazarse, en lo que toca a lo sexual y social, con los instintos y estados más primitivos, el panem et circenses que se manifiesta de nuevo hoy en los concursos de boxeo y en la pista de deportes, todo eso caracteriza bien, frente a la cultura definitivamente conclusa, frente a la provincia, una forma nueva, postrera y sin porvenir, pero inevitable, de la existencia humana.[ix]

II- En cuanto al pesimismo en la obra de Spengler, este se deriva en forma inevitable de su visión histórica. El desarrollo de cada cultura se produce igual que el de un ser vivo, tiene un momento en el que nace y finalmente le llega un momento en el que desaparece, en el que muere.

Si observamos las etapas en que evolucionan las culturas de Spengler se puede ver el movimiento claramente declinante de lo positivo a lo negativo: Desde el momento que aparece una nueva cultura, comienza a desarrollarse su Alma expresándose esta en el arte, la filosofía, la política, la matemática, el lenguaje. Poco a poco se va alcanzando una mayor perfección en las expresiones de esos campos del quehacer humano, así por ejemplo, en la cultura Antigua se alcanza el máximo nivel durante el “Siglo de Pericles” –con filosofos como Platon, Artistas como Fidias, etc.- pero una vez alcanzado el clímax empieza el descenso. Se estancan las creaciones artísticas, mueren las ideologías, aparecen formas políticas que son corrupciones del alma de esa cultura (como el espíritu imperialista de Roma dominando el espíritu independiente, cerrado y limitado de las Ciudades-Estado griegas) y finalmente las formas se petrifican (el Imperio Romano se convierte en un enorme Estado imposible de manejar que empieza a hundirse por su propio peso).

La visión de Spengler era, como puede verse, diametralmente opuesta a la Idea de Progreso que dominaba en el pensamiento Europeo hasta principios del Siglo XX. Claramente se observa en esta afirmacion de Spengler:

Progreso fue la gran voz del siglo pasado. Veíase la historia como una gran carretera sobre la cual ‘la humanidad’ marchaba valientemente, siempre adelante.
(…)
Pero ¿adónde? ¿Por cuánto tiempo? ¿Y luego qué?. Era algo ridícula esa marcha hacia el infinito, hacia un término sobre el cual nadie pensaba en serio, que nadie intentaba representarse claramente…Nadie hace nada sin tener el pensamiento fijo en el momento en que habrá alcanzado lo que quiere. No se hace guerra alguna, no se navega por el mar, ni siquiera se da un paseo, sin pensar en su duración y en su conclusión.

(…)
Toda evolución implica cumplimiento –toda evolución tiene un comienzo, todo cumplimiento es un final-, la juventud implica la vejez, el nacimiento implica perecimiento.[x]

El pesimismo queda acentuado por la intención de Spengler de aplicar su teoría a su propia cultura –la que el llama la cultura Occidental- . Para el Occidente ya no queda ninguna opción de alcanzar grandes logros en las artes, las letras, la filosofía. Las ideologías ya pierden su vigencia para dar paso al poder frío y calculador del dinero, y finalmente se abre la época del pragmatismo, el imperialismo y las guerras por el dominio mundial. Este proceso es inevitable ya que todas las culturas siguen el mismo ciclo y hay que aceptarlo estoicamente.

Pero Spengler no creía que su visión fuera pesimista, era para él un programa de preparación para el futuro, ya que si los hombres occidentales sabían cuáles eran las limitaciones de la epoca que les tocaba vivir, podrían desarrollarse en las areas que tendrían significación para el futuro: las armas, la tecnología, la actividad económica.

Además el pueblo mejor preparado para asumir los retos de la nueva epoca era para Spengler el pueblo Germano –por diversas razones historicas-, lo que constituía más bien un aliento para los alemanes. Asi pues, Spengler clamaba que lo que el realmente buscaba era estimular a la juventud alemana a prepararse para asumir su papel protagónico en el futuro, y a dejar atrás las ilusiones vanas. En sus palabras:

Quien no comprenda que nada puede alterarse a ese resultado final, que hay que querer eso o no querer nada, que hay que amar ese sino o desesperar del futuro y de la vida, quien no sienta la grandeza que reside en esa eficacia de las inteligencias magnas, en esa energía y disciplina de las naturalezas férreas, en esa lucha con los mas fríos y abstractos medios; quien se entretenga en idealismos provincianos y busque para la vida estilos de tiempos pretéritos, ese … que renuncie a comprender la historia, a vivir la historia, a crear la historia.[xi]

Hemos visto dos de los aspectos que más destacan en la obra de Oswald Spengler y que determinan en gran medida la imagen que las generaciones posteriores se han hecho de su obra. La forma dramática y directa con que se expresaba este autor alemán y la habilidad que demuestra para plasmar por medio de analogías sus ideas hacen de su obra un pieza literaria muy interesante. Pero además ese mismo estilo ha hecho que muchas de sus ideas, aunque no son originales de el sino heredadas de otros, queden marcadas con su sello personal y único.

BIBLIOGRAFIA

*Sobre Filosofía de la Historia:
-SUAREZ, Luis. Grandes Interpretaciones de la Historia. Pamplona, 1976.
-WAISMANN, A. El Historicismo Contemporáneo: Spengler - Troeltsch - Croce. Buenos Aires, Nova, s/f.
-WALSH, W. H. Introducción a la Filosofía de la Historia. México, Siglo XXI, 1974.

*Estudios Críticos sobre la Obra de Spengler:
- FISCHER, Klaus P. History and Prophecy : Oswald Spengler and the Decline of the West. (American University Studies. Series Ix, History, Vol 59). New York, Peter Lang, 1989.
- HUGHES, Henry Stuart. Oswald Spengler : A Critical Estimate. New York, Charles Scribner’s sons, 1952.

*Obras originales de Spengler:
-SPENGLER, Oswald. La Decadencia de Occidente: Bosquejo de una Morfología de la Historia Universal. Tomos I y II. Madrid, Ediciones Espasa-Calpe S.A., 1998.



Notas.

[i] Este concepto será explicado mas adelante.
[ii] SPENGLER, Oswald. La Decadencia de Occidente: Bosquejo de una Morfología de la Historia Universal. Madrid, Ediciones Espasa-Calpe S.A., 1998, Tomo I, p. 29.
[iii] Asi era como llamaba Spengler a la cultura que encerraba la historia Greco-Romana.
[iv] SPENGLER, Oswald. Ob. Cit, Tomo I, p. 152.
[v] Ibidem. Tomo I, p. 153.
[vi] Ibid. Tomo I, p. 69.
[vii] Ibid. Tomo I, pp.77-78.
[viii] Ibid. Tomo I, p. 78-79.
[ix] Ibid. Tomo I, pp. 80-81.
[x] Ibid., Tomo I, P 16
[xi] Ibid. Tomo I, p 70